CLUB DE LA HISTORIETA
miércoles, 5 de junio de 2013
La siempre mentada debilidad del sexo femenino no se aplicaba al caso de Crisanta. El golpe de fortuna que lo transformó en millonario, lo sumió a la vez en la plena infelicidad conyugal.Crisanta, la buena compañera de los tiempos en que ambos eran trabajadores pobres, librada ahora a la carrera de ascenso social, le reprochaba constantemente su incapacidad de adecuarse a un medio hacia el que el hombre no mostraba ningún interés en pertenecer. Fausto no renunciaba a sus costumbres y sobre sus inocentes “transgresiones” - como jugar a las cartas con sus amigos y comer guiso de carne con repollo-, caía todo el peso de la “ley”: la pendenciera consorte era capaz de encerrarlo para aislarlo de la gentuza que lo mantenía vinculado a su rústico origen, aunque él siempre se las ingeniaba para eludir el control, descolgándose por la ventana, caminando en equilibrio sobre los cables de teléfono y ganando la libertad por algún callejón lateral, que siempre lo dejaba a pocos pasos del bar de Dinty Moore
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