http://www.youtube.com/watch?v=6BfRcxXRBRo&list=PLeUc97v9XKaHhsKamsnl8dgpRIie2-1kn
http://guillermocracia.blogspot.com/2013/01/ciencia-ficcion-paranoica-ellos-nos.html
La Segunda Guerra Mundial llegó y pasó, y vio un realzamiento del invasor extraterrestre en la Ciencia Ficción. John W. Campbell, el más importante editor de la época, exigía que todas las historias de conflicto con extraterrestres terminaran con la resonante victoria humana. Y la Humanidad, en estas historias, enarbolaba los valores del American Dream. Quizás el único que se rebeló fue Isaac Asimov, de una manera peculiar: se negó a escribir (muchos) relatos con extraterrestres en escena.
En la década de 1950, el tópico de la invasión extraterrestre se puso otra vez de moda. Ahora se trataba por supuesto de la paranoia anticomunista. El extraterrestre era la criatura que venía no sólo a invadir y destruir, sino también a asimilar, a destruir la individualidad del ser humano. El ejemplo más prístino de esto es la novela Amos de títeres de Robert Heinlein, en la cual unas babosas espaciales se adhieren a los seres humanos y los poseen transformándolos literalmente en zombis sin voluntad... aunque, horror de horrores, conscientes por completo de la posesión en sí. En el cine, el ejemplo máximo fue La invasión de los ladrones de cuerpos de 1956, en donde los extraterrestres cultivan duplicados humanos en vainas, para que cuando éstos maduran, suplantan a los originales humanos. El final resulta horroroso, si se piensa que el optimismo de la escena final fue un añadido obligado por los productores, quienes pensaron que el final lógico con un pobre ser humano gritando como enajenado en una carretera incapaz de impedir el desastre, era demasiado deprimente.
Y EL EXTRATERRESTRE ESTÁ DESAPARECIENDO.
Dos películas fueron fundamentales para barrer con la paranoia anticomunista en el paso de la década de 1970 a la de 1980. Me refiero aEncuentros cercanos del tercer tipo, y E.T. el Extraterrestre, ambas rodadas por Steven Spielberg. La primera presenta a unos extraterrestres bondadosos y paternales, mientras que en la segunda los extraterrestres son indiferentes, si bien uno de ellos al quedar varado en la Tierra, consigue hacerse amigo de un niño. En la década de 1980, la tensión sociopolítica y el terror ante el apocalipsis nuclear alcanzaron un paroxismo, y la mentalidad de la gente fue fluyendo lentamente hacia la idea de que era mejor alcanzar una componenda, incluso el desarme nuclear, antes que arriesgarse a la destrucción mutua asegurada.
Pero el ocultamiento del extraterrestre como figura literaria responde a un patrón más profundo. En el mundo globalizado que fue fundado a través de la expansión de Internet en la década de 1990, de pronto ya no existen los otros. O mejor dicho, todos somos los otros de todos. Piense usted en su perfil de Facebook, si es que tiene. Sus amigos de Facebook son todos el otro, con sus propios gustos y aficiones, y su propia lista de clicks en los respectivos me gusta; ellos son sus amigos de Facebook, pero se han hecho mucho más patentes las diferencias que las semejanzas. La Ciencia Ficción paranoica en que nos van a invadir y dominar, sólo puede funcionar allí donde hay un relato común e incontestado para hacerle frente al enemigo común: una patria, una religión, etcétera. Desde la década de 1990, los relatos individuales se han ido fragmentando, las tribus se han ido jibarizando y disolviendo, y es poco probable que una persona se identifique de lleno con su país, su partido político o su religión. O al menos, no en un grado como antes. En la actualidad la paranoia máxima no es el invasor externo que va a destruir nuestra sociedad, quizás porque nuestra sociedad cada vez más atomizada y fragmentada ya está en cierto modo destruida, sino la presión omnipresente del grupo que puede llegar a soliviantar nuestra propia identidad, robárnosla, destruirnos como individuo. Es la pesadilla de Matrix en donde la invasión, de las computadoras contra la Humanidad en este caso, ya ha ocurrido, y los humanos ya son esclavos sin siquiera saberlo. O la pesadilla de la nueva versión de Battlestar Galactica, en donde el androide cylon ya no es el enemigo externo, sino que es capaz de mimetizarse con el ser humano e infiltrarse hasta el punto que ni los propios infiltrados cylon a veces saben lo que en verdad son; se consideran humanos. Es poco probable que la paranoia desaparezca de la Ciencia Ficción, pero es claro que por el momento, tomará derroteros muy distintos a la invasión extraterrestre clásica y tradicional de ejército contra ejército, de astroflota contra astroflota, de nosotros contra ellos.
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